| La Vanguardia: «Abucheos a Delcy Rodríguez en la zona cero de los terremotos». |
En
ese fatídico afán identitarista, que solo persigue y logra ahondar más las
divisiones y la confrontación, lo que para nosotros, toda la vida, ha sido el
Estado Vargas -en honor al guaireño aquel que fue nuestro primer presidente
civil, sabio, humanista, médico y con un total desapego al poder… seguramente más
meritorio como hombre de estado que algún Monagas, Falcón o Anzoátegui- fue rebautizado
por unos burócratas sin oficio como Estado La Guaira, con el baldío e inservible
argumento del honor y respeto a nuestras raíces indígenas… de lo cual se puede
entonces colegir que las raíces de donde proviene el apellido Vargas comportan
una contaminación deshonrosa de origen… ¡cuánta estupidez!
Hoy,
sumergidos en la tragedia que afecta principalmente a ese Estado, nos
percatamos rápidamente de la futilidad de una gestión gubernativa que cambió el
nombre de un territorio, pero no alteró un ápice los profundos vicios en el ejercicio
de sus responsabilidades que hoy se manifiestan con su peor cara: la
incapacidad para manejar una tragedia social a cualquier escala… Hoy, los
terremotos, pero, desde hace más de dos décadas, la Educación, la Salud, la
Alimentación, la crisis humanitaria profunda y la perversión asesina de la
corrupción.
Pero,
como reza la frase popular, esta gente no pierde la oportunidad de perder una
oportunidad, y, en medio del desamparo que nos aplasta, el grueso de la gestión
oficial sigue siendo el show… sigue siendo el tratar de alimentar los «pensamientos
perezosos» de los que se rinden, si alguno lo hace todavía después de todo lo
que hemos visto, al mensaje oficialista.
Para
este blog, y como fuente (casi siempre seca) de lo que escribo, apelo a las
cuentas oficiales de las RRSS, @minecosocialismo_ve, @minpesca_ve. Esta vez no
ha sido diferente, y todos, todos los contenidos solo tienen un solo y claro
propósito, no importa si el escenario es con pescadores de Naiguatá o Sucre, de
campesinos en Falcón, o con funcionarios de INPARQUES; todo está dirigido a promover
la figura de una «presidenta encargada» en el marco de una impúdica campaña en
aras de tratar asegurarle un futuro político, a pesar de todo el catálogo de
ilegitimidades que arrastra desde los albores de su vida pública, ella y sus bien
conocidos adláteres.
Si
algo removió e hizo emerger este terremoto, con su inconcebible carga de desgracias humanas,
es la enorme asimetría moral entre el régimen, precariamente en pie, y la
ciudadanía que lo ha hecho todo por recuperar al país y a sus instituciones… incluso
levantar piedras y escombros a mano desnuda.