lunes, 13 de abril de 2026

Canelones rellenos de bicarbonato

Foto: @noticiasvenezueladice


Lo que, en principio, y solo en principio, parece un titular gratificante, no encierra otra cosa que no sea una esperanza vana.

No he sabido de ninguna campaña formal en ese sentido, y en todo caso, si la hubiera, tendría que estar acompañada de estrategias conocidas y suficientemente divulgadas, de acciones, de cifras, de curvas de series temporales que habría que revertir con acciones mucho más contundentes que la que propone el amigo de la imagen que es la de devolver al agua a este ejemplar pescado, aparentemente desde una lancha de pesca deportiva, y convertir a  la empanada de cazón en un anatema.

He leído las muchas reacciones a esta información de Noticias Venezuela Dice, y prácticamente todas ellas alaban el gesto (que no está mal, si se trata de favorecer al pobre animalito, y que bien podría ser un adulto y no un bebé, pues hay varias especies que no superan el metro de longitud de talla máxima). Algunas otras van de la identificación taxonómica de la especie capturada... que si se trata de un Rhizoprionodon o de un Mustellus (que tampoco está mal, en la medida en que podemos investigar sobre el estatus de sus poblaciones en las listas rojas de la IUCN y enterarnos de que esas y muchas más especies están, efectivamente, amenazadas).

Pero, más allá de las autoloas y de las buenas intenciones de estos amigos de Instagram, no creo que la salud de esa especie o de cualquier otra de tiburón (y más) pase por liberar de vez en cuando un individuo capturado con anzuelo por un pescador deportivo. La mayoría de los ejemplares de las diferentes especies de tiburones (y en aguas venezolanas hay decenas) mueren ahogados, intencional o accidentalmente, en redes de enmalle y palangres de pescadores artesanales de bajura, media altura e industriales, y esto significa que los animales llegan muertos a las cubiertas de los barcos pesqueros, independientemente de su escala, por lo que el gesto del señor de la foto y el sentido del titular que la acompaña son inefectivos en términos de la sostenibilidad de la pesquería y de la integridad del hábitat del recurso.

Como para cualquier otra pesquería (tiburones, sardinas, tajalíes, cangrejos, moluscos), el tema clave es el manejo… hacerlo bien y/o ajustarlo permanentemente en función de los resultados, pero siempre con herramientas técnicas, y no solo con declaraciones y aspavientos bienintencionados. 

Todo manejo requiere datos y series de tiempo robustas, y es allí donde fallamos estrepitosamente. Sin embargo, y sin saber sobre qué bases, el régimen sigue prometiendo incrementar la producción pesquera a sabiendas de que los indicios más serios, en ausencia de estadísticas confiables y sistemáticas, sugieren que los rendimientos pesqueros y las capturas totales declinan desde hace dos décadas. Las capturas anuales totales no cubren la brecha de los requerimientos alimentarios de estos rubros por parte de los venezolanos (y nos damos el lujo de exportar sardinas y tajalíes), aun a pesar de que ya hay 8 millones de bocas menos... ¡Pocas variables de ajuste tan tristes como esta!  

Mientras tanto, regresando al inicio de este texto, el post del amigo del Instagram, devolviendo al mar al tiburón (que bien podría ser un adulto, pues los hay varios que no superan el metro de longitud de talla máxima) me recuerda aquella ocurrencia de Groucho Marx que comparaba acciones de este tipo con comerse una olla de canelones rellenos de bicarbonato... sabes que te hace mal, pero intentas introducir el remedio simultáneamente a pesar de su futilidad, pues el beneficio es, si acaso, para la conciencia y no para el estómago. 



 

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