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| Foto: @noticiasvenezueladice |
Lo que, en principio, y
solo en principio, parece un titular gratificante, no encierra otra cosa que no
sea una esperanza vana.
No he sabido de ninguna campaña formal en ese sentido,
y en todo caso, si la hubiera, tendría que estar acompañada de estrategias
conocidas y suficientemente divulgadas, de acciones, de cifras, de curvas de
series temporales que habría que revertir con acciones mucho más contundentes
que la que propone el amigo de la imagen que es la de devolver al agua a este
ejemplar pescado, aparentemente desde una lancha de pesca deportiva, y
convertir a la empanada de cazón en un anatema.
He leído las muchas reacciones a esta información de
Noticias Venezuela Dice, y prácticamente todas ellas alaban el gesto (que no
está mal, si se trata de favorecer al pobre animalito, y que bien podría
ser un adulto y no un bebé, pues hay varias especies que no superan el metro de
longitud de talla máxima). Algunas otras van de la identificación taxonómica de
la especie capturada... que si se trata de un Rhizoprionodon o
de un Mustellus (que tampoco está mal, en la medida en que
podemos investigar sobre el estatus de sus poblaciones en las listas rojas de
la IUCN y enterarnos de que esas y muchas más especies están, efectivamente,
amenazadas).
Pero, más allá de las autoloas y de las buenas
intenciones de estos amigos de Instagram, no creo que la salud de esa especie o
de cualquier otra de tiburón (y más) pase por liberar de vez en cuando un
individuo capturado con anzuelo por un pescador deportivo. La mayoría de
los ejemplares de las diferentes especies de tiburones (y en aguas venezolanas
hay decenas) mueren ahogados, intencional o accidentalmente, en redes de
enmalle y palangres de pescadores artesanales de bajura, media altura e
industriales, y esto significa que los animales llegan muertos a las cubiertas
de los barcos pesqueros, independientemente de su escala, por lo que el gesto
del señor de la foto y el sentido del titular que la acompaña son inefectivos
en términos de la sostenibilidad de la pesquería y de la integridad del hábitat
del recurso.
Como para cualquier otra pesquería (tiburones,
sardinas, tajalíes, cangrejos, moluscos), el tema clave es el manejo… hacerlo
bien y/o ajustarlo permanentemente en función de los resultados, pero siempre
con herramientas técnicas, y no solo con declaraciones y aspavientos
bienintencionados.
Todo manejo requiere datos y series de tiempo
robustas, y es allí donde fallamos estrepitosamente. Sin embargo, y sin saber
sobre qué bases, el régimen sigue prometiendo incrementar
la producción pesquera a sabiendas de que los indicios más serios, en
ausencia de estadísticas confiables y sistemáticas, sugieren que los
rendimientos pesqueros y las capturas totales declinan desde hace dos décadas.
Las capturas anuales totales no cubren la brecha de los requerimientos
alimentarios de estos rubros por parte de los venezolanos (y nos damos el lujo
de exportar sardinas y tajalíes), aun a pesar de que ya hay 8 millones de bocas
menos... ¡Pocas variables de ajuste tan tristes como esta!
Mientras tanto, regresando al inicio de este texto,
el post del amigo del Instagram, devolviendo al mar al tiburón
(que bien podría ser un adulto, pues los hay varios que no superan el metro de
longitud de talla máxima) me recuerda aquella ocurrencia de Groucho Marx que
comparaba acciones de este tipo con comerse una olla de canelones rellenos de
bicarbonato... sabes que te hace mal, pero intentas introducir el remedio
simultáneamente a pesar de su futilidad, pues el beneficio es, si acaso, para
la conciencia y no para el estómago.

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