martes, 18 de febrero de 2025

Metiéndome en profundidades

 

Foto: National Geographic España.

Los medios digitales y otros han abundado, por estos días, en noticias a propósito del avistamiento en aguas marinas superficiales de Canarias de un pez que es propio de profundidades abisales (por debajo de los 4.000 m). La rareza del avistamiento y la particular apariencia del pez en cuestión -un pez diablo negro, prodigio evolutivo de adaptación a estos hábitats de oscuridad absoluta, bajas temperaturas y altísima presión- ha despertado el interés por estas franjas de la columna de agua, sus fondos asociados y sus eventuales recursos vivos susceptibles de conformar nuevas pesquerías.

De hecho, y en coincidencia con este evento mediático, las redes locales del régimen, o cercanas a él, han anunciado los hallazgos de un proyecto que persigue incorporar los eventuales recursos de aguas profundas como objetivo de la pesca en nuestras aguas.

Hasta aquí, de acuerdo: los bajos rendimientos de la pesca marítima en los últimos años, la fatiga de los caladeros tradicionales, la disminución de la población de sardina, piedra angular de los ecosistemas marinos costeros y más allá, hacen necesaria la continuidad de aquellas investigaciones del pasado, como la iniciada por el Buque Oceanográfico noruego Fridtjof Nansen en 1988, o la del Profesor Fernando Cervigón y su equipo, a principios de los 2000.

Ambas investigaciones solo dieron resultados puntuales y muy parciales, pues, por razones harto conocidas, las pescas experimentales y el levantamiento de series de tiempo de ineludible sistematicidad y de amplia cobertura espacial nunca se logró, ni siquiera para los recursos objeto de las pesquerías tradicionales (la de la sardina, por ejemplo, cuyas evaluaciones regulares se interrumpieron hace ya casi 20 años). La consecuencia de lo anterior no ha sido otra, pues, que el uso minero de los recursos de la biodiversidad… dale hasta que se acabe, y luego veremos…

Negando estas iniciativas del pasado, con ese «adanismo» que signa las actuaciones de los protagonistas de hoy, se hace un gran despliegue mediático de algunos muestreos con pesca a 600 m de profundidad en la costa central de Venezuela, que, objetivamente, son útiles para estudiar y describir la composición faunística en esos espacios, pero que está muy lejos de aquellos proyectos anteriores, mencionados más arriba, que estaban diseñados para el estudio de la biodiversidad y la evaluación de potenciales de uso de esos eventuales nuevos recursos de profundidad.

Pero lo más grave, y triste al mismo tiempo, es como va tomando cuerpo aquella imagen metafórica del sapo sumergido en un agua gradualmente más caliente.

Una cosa es la resiliencia y la capacidad de adaptación, y otra muy diferente, diametralmente opuesta, diría yo, es la entrega, el conformismo y la resignación.

«Lo estamos haciendo sin buque oceanográfico, sin aparato sofisticados (…) Lo estamos haciendo con nuestros pescadores (…), héroes de esta hazaña…» (contrapunto.com). Así declara a la prensa nuestro estimado colega, sin considerar (¿o sí lo hace?) que la carencia y la penuria nunca serán una virtud; que la sofisticación tecnológica no es un capricho, sino un producto de la modernidad que incrementa la calidad de las investigaciones y posibilita su calibración con experiencias similares en otros mares del planeta. Por último, y en lo que sí le concedo razón es que es una verdadera hazaña levar a brazo partido palangres y nasas calados a 600 m desde un precario botecito navegando en alta mar… Eso sí es una hazaña y un riesgo, pero innecesarios cuando se sabe que las ciencias marinas de hoy disponen de logística y tecnología «sofisticadas», seguras y de mayor eficiencia.

Mientras tanto, la verdadera hazaña, la que sí vale la pena que logremos cumplir como sociedad, es evitar acostumbrarnos a la mediocridad y al «peor es nada»... 

miércoles, 29 de enero de 2025

¡Aún dicen que el pescado es caro!

Joaquín Sorolla; Galería de las Colecciones Reales, Madrid.


Este es el título de este cuadro del pintor Sorolla, reconocido no solo por su pincel sublime, sino también por su estilo y motivos inscritos, muchos de ellos, en la modalidad pictórica del «Realismo Social».  

Con este cuadro en particular, el pintor quiso significar -a través de esta escena en la que dos pescadores asisten, en la bodega de un pequeño barco pesquero de la época (finales del XIX), a un tercer compañero herido en faena- que el precio que pagaba el consumidor por el pescado no compensaba, ni remotamente, el riesgo que comportaba esta labor. 

Conjugo en pasado estas oraciones, porque el cuadro es de 1894, aunque podría seguirse conjugando en presente, y hasta en futuro, pues el oficio del pescador, en todo el mundo, sobre todo en mar abierto, conlleva inseguridades y peligros como pocos otros. Este oficio se ejerce en un medio ajeno a la naturaleza humana, medio y condiciones muchas veces impredecibles, a pesar de los adelantos tecnológicos asociados a la electrónica, a los materiales de construcción, a las comunicaciones, a los modelos meteorológicos… y a los protocolos y equipos para búsqueda y rescate con los que obligatoriamente deben actuar las autoridades.


¿De cuántos de estos componentes de la modernidad se benefician nuestros pescadores que bregan costa afuera? La respuesta a esta pregunta es trágicamente fácil, como lo sugiere un nuevo evento ocurrido en este principio de año a tres pescadores del Estado Falcón, que, afortunadamente, no pasaron a engrosar la lista de víctimas mortales del año pasado. 25 vidas perdidas solo en 2024 (sin considerar a las cerca de 100 adicionales en los naufragios de la migración), a causa de desperfectos de las embarcaciones de una flota vetusta y fatigada, de viejos motores de propulsión desactualizados y reparados con medios improvisados, de combustibles de mala calidad y escasos, de grandes extensiones de mar y costa amenazadas, y a veces controladas, por la piratería y el narcotráfico… de una autoridad blanda, que actúa demasiadas veces con lenidad y sin los medios logísticos mínimos que exige el profesionalismo y la eficacia del otro noble oficio que es salvar vidas.

El gobierno sigue ocupado en repartir sombreritos y camisetas de colorines, que lucen espléndidamente en las fotos posteadas en las cuentas oficiales de Instagram. Mientras tanto, los pescadores siguen implorando el amparo inapelable de la Virgen del Valle, pues con poco más se puede contar en un país donde la mediocridad está al timón. 

martes, 3 de diciembre de 2024

Expropiación y expoliación... a veces es lo mismo.

 


Empresa camaronera en las riberas del lago de Maracaibo. Foto: BBC News

Hay un dicho gringo muy popular que reza: If it works, don´t fix it... Algo así como: «Si algo funciona, no lo arregles».

Y es que, justamente, la solución para combatir presuntas conspiraciones (¿acaso ya suficientemente investigadas, constatadas y juzgadas?) es apelar a la figura de la expropiación, que -a pesar de que, como bien lo debe saber el actual ministro de Pesca y Acuicultura, antiguo expropiador de tierras desde aquel infausto INTI- derivó en la ruina y desmantelamiento de empresas agropecuarias y agroindustriales funcionales y de alta relevancia social, dada su capacidad de generación empleo estables y de producción de alimentos a escalas significativas para la seguridad alimentaria de todo el país.

La medida reaparece ahora en el sector de la camaronicultura, sector que ha pasado a ser el segundo en exportaciones nacionales, después del petróleo, «éxito» del cual se vanagloria el ministerio en cuestión, que, como corresponde a su función, seguramente ha incentivado y promovido la consecución de este sitial; algo plausible, aunque no haya cultivado ni un solo camarón… porque, además, no hace falta que lo haga para cumplir su papel de promotor y regulador, que es el que precisamente le toca.

Y escribo «éxito», así, entre comillas, porque, en un país de tradición petrolera, manufacturero, agrícola y pecuario, siderúrgico de primera importancia, en el que durante décadas las exportaciones de café, cacao, maíz, alúmina, acero, productos siderúrgicos y químicos contaban de manera notable en el bienestar económico nacional, queda claro que si el camarón ha pasado a ser el segundo rubro de exportación es por descarte (sin desmeritar el considerable logro de una producción de 65.000 t en 2023, MINPESCA dixit), dada la contracción de los demás sectores, como consecuencia, entre otras razones, de las expropiaciones.

A pesar de esta realidad incontestable, el régimen insiste, pues, en una medida comprobadamente ineficaz; insiste en el error; sigue pateando la misma piedra.

Todo esto es otra evidencia de la inhabilidad de los que detentan el gobierno para preferir la justicia antes que el poder; de su incapacidad para pensar, pues el pensamiento útil y trascedente, como decía el filósofo, es virtud de aquel que elije ejercer el poder sobre sí mismo, más que sobre los demás.

De nuevo, la palabra expropiación se parece demasiado a la palabra expoliación… de nuevo, no entienden que el que pelea con la realidad siempre pierde. 


martes, 23 de julio de 2024

La oposición es mala

Flota de pesca de arrastre abandonada en Puerto Sucre, Cumaná.

En estos días de efervescencia política y social, este titular puede resultar provocador, y esa es la intención, pues he querido llamar la atención sobre la enorme brecha que hay entre las acepciones de las palabras oposición y contradicción.

Así se lo oía recientemente a un filósofo que disertaba sobre la relevancia del uso de las palabras adecuadas y de la importancia de su escogencia, para lograr una comunicación efectiva y, como consecuencia, efectos útiles derivados de una diatriba, aparentemente insalvable… y es que las palabras generan modos, actitudes, comportamientos... y políticas.

Nuestro personaje decía, no sin razón, pues así lo revela la situación que vive nuestro país desde hace ya 25 largos años, que la palabra ‘oposición’ connota enfrentamiento, lucha, antagonismo y, por lo tanto, es el germen de grupos identitarios que se cohesionan alrededor de una idea que termina siendo doctrinaria e inamovible. Una contradicción, por su parte, supone discordancia, argumentación, discusión, pero nunca atrincheramiento idelógico sin réplica posible.

Ya que este blog va de pescar el cambio, veamos un ejemplo de oposición versus contradicción que ha marcado el devenir de la pesca en Venezuela: Por decreto presidencial, en 2009 y luego su inclusión y aplicación firme y definitiva en el Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Reforma de la Ley de Pesca y Acuicultura en 2014, el régimen se opuso y prohibió a la pesca industrial de arrastre en todas las aguas jurisdiccionales venezolanas. Los argumentos que justificaron esta medida legal fueron las recurrentes denuncias de alteración física del fondo, de las comunidades naturales asociadas; la excesiva captura incidental de especies y de tallas no aprovechables; el presumible esfuerzo de pesca excesivo y la interferencia y conflictos entre la pesca industrial y la artesanal por solapamiento espacial y destrucción de artes y aparejos artesanales por parte de los buques de categoría industrial.

La pesca industrial de arrastre demersal comenzó a operar en el país hacia principios de los años 1950 y llegó a alcanzar una flota de cerca de 400 unidades distribuidas principalmente en los Estados Falcón, Sucre y Anzoátegui, aportando una producción interanual variable, pero del orden de entre 20 y 30 mil toneladas/año. Sin tomar en cuenta la calidad de las regulaciones impuestas a esta modalidad de pesca en relación a la selectividad, dimensiones de redes, dispositivos de exclusión de tortugas, áreas de exclusión, etc., la eliminación absoluta de la pesca industrial de arrastre en el país, sin el diseño e implementación de alternativas sustitutivas, se tradujo en la reducción de la necesaria oferta pesquera en cerca de 30 mil toneladas anuales en un país en déficit y en medio de una crisis alimentaria profunda. La medida, además, dejó sin trabajo a miles de tripulantes y demás trabajadores asociados al sector, estimuló la pesca artesanal de arrastre en zonas sensibles del margen marino costero y promovió la misma pesca industrial pero ahora de manera clandestina y no regulada. Al final, la oposición a este tipo de pesca se convirtió en execración y la execración en un problema mayor.

Así, las autoridades del sector nunca han salido de su trinchera: la pesca de arrastre es una pesca maldita y sus detractores son fanáticos de su causa. EL análisis y el debate sobre los decretos de proscripción absoluta no ha podido tener lugar. La discusión sobre la incorporación de técnicas actuales de mejoramiento de la selectividad, de determinación de áreas y fondos aptos, de seguimiento y control de capturas, de medidas compensatorias y beneficiosas a través de la identificación de zonas prioritarias de conservación y la creación consecuente de áreas marinas protegidas, medidas todas que han sido exitosas en muchos lugares del planeta, ni siquiera ha sido considerada… No es no… La oposición desde el gobierno no requiere ni acepta argumentos en contra. La contradicción, en cambio, que requiere de argumentación, de pruebas, de demostración, de estudio, de esfuerzo y de trabajo, no ha sido posible, como no ha sido posible, entonces, incorporar a la oferta nacional los imprescindibles alimentos de alta calidad nutricional provenientes de una flota de arrastre moderna y sostenible.   

Ojalá que en estos tiempos frescos que se avecinan, el ambiente político se impregne de más contradicción y menos oposición, pues «un fanático es alguien que no puede cambiar sus opiniones, y, además, no quiere cambiar de tema» (Churchill dixit), y de eso, y por eso, ya hemos padecido demasiado en lo que va de siglo.


martes, 26 de marzo de 2024

Algo personal...

 

En mejores tiempos, Estación de Investigaciones de Margarita, EDIMAR de la Fundación La Salle, a la izquierda, y fachada del Instituto Oceanográfico de Venezuela, en Cerro Colorado, a la derecha.


Un Miércoles Santo, casi día por día como hoy, pero hace 49 años, celebraba mis 17 años en una playa de Falcón, con la banda de amigos de la infancia; esa infancia de la que seguramente todavía quedaba algún arresto en nuestros juegos y en nuestra manera de ver la vida. No era una celebración como otras anteriores. Esta vez estaba el nervio de la expectativa de que fuera la última en aquellos paisajes y con los mismos carnales, sabiendo que en pocos días dejaría mi casa para ir a vivir a Cumaná y entraría en un mundo nuevo y ajeno, ¡en una universidad!, lejos de la familia y con gente totalmente deconocida... menos uno: Luis José Urosa. 

A Luis José Urosa, sobrino de mi abuela cumanesa, el primo grande, flaco y «viejo», lo veía ocasionalmente en alguna vacación de aquellas que pasábamos en la playa de San Luis, en la que la actividad fundamental era recoger guacucos y viejitas para la comida del día (¿quedará todavía alguno de estos bivalvos, alguno de estos anfípodos en esa playa?). De alguna manera, en ese ambiente y en aquellas conversaciones entre primos, se sembró la idea de mandar al muchacho a estudiar Biología en la UDO.

El Flaco Urosa ya era un planctólogo de renombre, el tipo que tuvo que ver con el Celacanto el Museo del Instituto Oceanográfico de Venezuela* y su director en algún momento, cuando, poco tiempo después de aquella última Semana Santa playera, llegué a Cumaná desde Caracas, a bordo de un autobús salido de El Nuevo Circo repleto de muchachos, algunos tan nerviosos y expectantes como yo, y que distraíamos nuestros sustos con cuentos como «¿De dónde eres?, ¿qué vas a estudiar?».

El recuerdo viene vívido, pues, no teniendo la Semana Santa fecha fija en el calendario, las coincidencias de fecha y día no son frecuentes y hoy se da 49 años después de aquel tiempo en el que viajé temeroso e ilusionado, y fui recibido por el Flaco en su oficina del IOV... privilegios de primo segundo.

Urosa me condujo por los pulidos pasillos del impresionante edificio, y me hizo ver el frenesí de sus laboratorios y su museo, en el que trabajaba Figueroa, aquel inmenso héroe de bata blanca, desde la perspectiva de nosotros los párvulos (y creo que también desde la perspectiva de sus pares y sus colegas), a cuyo mesón de taxónomo poco después nos asomaríamos, junto a sus largas hileras de frascos contentivos de holotipos y paratipos… y a ver al Celacanto.

El corazón le jugó una trastada, y el primo se fue temprano. También se fue, increíblemente, su edificio entero: algo que, en principio, ha debido ser su legado imperecedero, pero que, sin embargo, es ruina y desolación. Regresar hoy al IOV es volver a un sitio que ya no existe. Como es también el caso de mi otra alma mater, la Fundación La Salle de Margarita, prácticamente abandonada a su suerte en medio del desastre de un país fallido.

Al final de esta historia personal, que ya no lo es tanto, recorrer hoy Cerro Colorado, casi 50 años después, es, a decir de uno de mis autores de cabecera, «como caminar bajo un cielo sin dioses».

*El Celacanto es un pez que se creía extinto desde el Cretácico (66 millones de años atrás) y del cual fue atrapado un individuo vivo en las costas de Sudáfrica en 1938. Otros ejemplares pescados porteriormente en otras localidades fueron distribuidos en algunos museos del mundo. El museo del IOV fue unos de ellos.

miércoles, 28 de febrero de 2024

¿A qué sabe el pescado del lago?

 


Imágenes Sentinel de la costa oriental del lago de Maracaibo del 24/2/2024, procesadas por Eduardo Klein para evidenciar la distribución del hidrocarburo derramado. Los rectángulos oscuros en la costa, en la imagen de la izquierda, y verde oscuro en la derecha, corresponden a instalaciones de cultivos acuáticos.   

«Pescamos peces que tenemos que tirar después de querer comérnoslos, ¿por qué? Porque saben a diesel, hermano». Así se expresó José Luzardo, representante de los pescadores de El Bajo, en el lago de Maracaibo, en entrevista con Radio Fe y Alegría Noticias.

Denuncias y más denuncias se acumulan, clamando por la solución de esta y otras tragedias ambientales que aquejan nuestra geografía, intentando vencer el efecto de banalización por hastío, efecto que se produce en la opinión pública cuando esta se torna emocionalmente indiferente como reacción (¿defensiva?) ante la repetición y el avasallamiento de noticias infaustas. Si acaso hay alguna respuesta estatal, es del calibre de aquella según la cual la presencia de hidrocarburos en el mar es solo un efecto visual; o de aquella otra que propugna que no hay contaminación, pues el petróleo no se mezcla con el agua.

Estos argumentos gubernamentales comportan tal grado de irracionalidad, de absurdo, que la réplica de los denunciantes y de los afectados se hace prácticamente inútil, pues poco o nada se puede esperar de alguien que profiere tal disparate.

La acción oficial, cuando la hay, es, entonces, dispersar la atención con gestiones altamente polémicas, como la ampliación del aeropuerto de Los Roques o la cobertura del glaciar del pico Humboldt con mantos geotextiles, alegando tesis de desarrollo social o de combate contra el cambio climático.

La estrategia parece, pues, funcionar: si nunca hay respuestas efectivas, en algún momento tampoco habrá más preguntas. Como complemento, incluso a veces hay buenas noticias, como la dada a conocer por el ministro de Pesca y Acuicultura, a propósito del incremento de la producción de camarones de cultivo en las costas del lago de Maracaibo… sí: ese mismo cuerpo de agua sometido a la descarga constante de elementos tóxicos y eutroficantes.

Sabiendo que los ecosistemas no son espacios estancos, y que más bien, son un continuum de límites difusos; que lo que hagamos bien o mal en tierra tendrá ineluctables consecuencias en el mar y viceversa, confiemos en que nunca nadie tenga que cuestionar, ahora también, el sabor de los camarones cultivados en las riberas de nuestro maltratado lago.   


miércoles, 22 de noviembre de 2023

Atenuación, adaptación y retroceso

Izquierda: Fugas de gas en el Golfo de Venezuela. Derecha: área de extensión de la
 pista en Los Roques. Imágenes tomadas de la cuenta X @diodon321



Hace algunos días, oí de boca de un reconocido tankthinker que la educación no es más que la transmisión, a la generación subsiguiente, de una estructura de organización que ha sido funcional para la generación precedente, es decir, aquella que la transmite, aquella que educa.

Esta definición contiene una lógica irrebatible: enseñamos lo que sabemos; pero también significa que esta transmisión de saberes, en el momento de hacerla, ya es pasado; y eso nos amarra, más o menos conscientemente, a modelos prexistentes de orden social, de producción y de consumo… y de interacción con el ambiente, y hace que el futuro, siendo incierto, no nos exija nada claro, ningún cambio concreto en nuestro comportamiento cotidiano y a mayor plazo para enfrentar el porvenir, en tanto que individuos y como sociedad.  De allí, quizás, parte de nuestra dificultad, a cada uno y al conjunto, para entender, asumir y actuar de cara al cambio climático y a sus ya sentidas expresiones de carácter catastrófico en muchos y más frecuentes casos. En una palabra, todo lo anterior puede traducirse como parálisis. ¿Qué tan efectivas, en la práctica, han sido las 27 COP que ha habido desde aquella ya lejana primera edición del 92 en Brasil? La realidad es que, al final, cada quien termina haciendo lo que le conviene localmente (más carbón en Alemania, más nuclear en Francia, más petróleo en China, en India, más transporte aéreo y más consumo de energía fósil que nunca), mientras intentamos confortarnos con soluciones tecnológicas de generación de energías «renovables» que algún día llegarán, pero no nos detenemos a pensar en la enorme diferencia que hay en la capacidad de proveer energía de un metro cúbico de aire empujando unas palas o unas velas, y un m3 de petróleo quemándose en los cilindros de un motor térmico, y que migrar de una fuente a otra es solo un tema de adaptación indolora.

Al mismo tiempo, aquí en nuestro patio, más allá de alguna chatarra argumentativa esgrimida por algunos funcionarios en discursos estentóreos en foros internacionales sobre nuestro compromiso con el futuro de la Tierra y de la humanidad (pero que no sacan la cuenta que, por ejemplo, rápidamente sacó un estimado colega, según la cual se requeriría dejar pelones a más de 600 mil personas para retirar el petróleo que contamina la superficie del lago de Maracaibo), los derrames de hidrocarburos continúan, una de las fugas de gas en el golfo de Venezuela cumple más de un año, y, para no hacer aquí una lista interminable de desmanes, cierro con la reciente inauguración de una cantera en el PN Los Roques, para ahogar y cubrir praderas de talasia y arrecifes (fondos biogénicos de altísima sensibilidad y relevancia por sus servicios ecosistémicos) con la pretensión de prolongar una ¡pista de aterrizaje!

El mundo padece parálisis, de un accionar tímido e inefectivo para, si acaso, atenuar lo que se viene en las próximas décadas. Nosotros no; nosotros no estamos paralizados… nosotros retrocedemos.   

viernes, 1 de septiembre de 2023

La orca y el pepino



Imágenes: El Universo y COFA respect.


Con una producción audiovisual elaborada, reforzada por medidos compases de música épica, los organismos oficiales de los sectores pesquero y ambiental del país han impulsado la difusión de un video donde sus protagonistas, pescadores de la localidad y funcionarios de Insopesca, relatan sus acciones y emociones durante el rescate de siete orcas que vararon recientemente en las aguas turbias y someras cercanas al Morro de Chacopata, en el norte del Estado Sucre. ¡Bien por ellos!, que venciendo miedos y sensibilizados al extremo por la agonía de estos impresionantes mamíferos, se lanzaron al agua para rescatar estos animales y devolverlos a aguas profundas. ¡Bien por ellos!   

Pero -ahora viene el pero-, ¿por qué esta actuación encomiable por la preservación de la vida, por la protección de la biodiversidad solo es considerada como tal, y objeto de reconocimientos exaltados con aires de epopeya, solo en el caso de estos cetáceos, mientras descuidamos con un desdén enorme la salud de poblaciones de especies que tienen una significación y un papel determinante en la funcionalidad de los ecosistemas marinos y en su capacidad de seguir proveyendo servicios ambientales de enorme importancia para la vida, esta vez, humana?

Es fácil imaginar lo fuera de lugar que sonarían unas notas musicales gloriosas como fondo de la redención de un lote de, por ejemplo, pepinos de mar, animalitos estos no muy agraciados, carentes de todo carisma, pero que, sin embargo, para efectos de nuestras pesquerías, son indispensables en los procesos de depuración de los sedimentos y control de algas, detritos y patógenos capaces de afectar los sistemas bentónicos (aquellos asociados al fondo) de donde proviene buena parte de los peces y moluscos que consumimos; especies de equinodermos, como los erizos, que sin embargo han sido extraídos hasta su casi desaparición en vastas zonas, solo para satisfacer gustos gastronómicos exóticos de algunos países asiáticos y la sed de crónica de divisas que padecemos.  

Hay regulaciones, hay prohibiciones, hay vedas, es verdad. Pero las capacidades logísticas para vigilar su cumplimiento y, en todo caso, para calibrar su pertinencia sobre evidencia científica actualizada son casi inexistentes en este país.

«¡Pescar es vencer!» gritan orondos y al unísono los pescadores que lograron la hazaña de las orcas… Su emoción y orgullo es entendible, pero (otro pero) estas consignas ardorosas no se corresponden con un sector pesquero estancado en cifras insuficientes de producción y carente de referencias técnicas modernas que aseguren su sostenibilidad. En resumen, un sector varado…como las orcas…  
















 

lunes, 3 de julio de 2023

Es el Producto Interno, ¡bruto!

Imagen: Utopía Digital

Este título es casi una paráfrasis de aquel eslogan de la campaña electoral de Clinton que pretendía llamar la atención sobre la prioridad que debía atender el ganador de las siguientes elecciones presidenciales de aquel momento en los EE.UU.: «Es la economía, estúpido».

Y es que por estos días de ambiente preelectoral en nuestro país (más allá de que, ojalá, finalmente logremos «el lujo» de poder tener elecciones libres, supervisadas y con resultados creíbles), las ofertas políticas de los precandidatos están repletas de propuestas y proyectos para recuperar el crecimiento del Producto Interno Bruto y alcanzar cifras de 6-8 % anual, tal como lo era en tiempos no demasiado remotos.

Todavía, a pesar de que ya rebasamos el punto de no retorno climático y estamos sufriendo sus ya desastrosas pero apenas preliminares expresiones, los actores políticos siguen ofreciendo puntos de PIB como argumento de campaña y como promesas de gobierno, sin reparar en que este indicador de «progreso» es de carácter exponencial, mientras que los recursos que extraemos de los ecosistemas -más o menos intervenidos, ese no es aquí el punto-, traducidos en valor monetario para respetar la definición del PIB, jamás podrían acompañar un crecimiento de esa naturaleza sin que en algún momento sobrevenga la desilusión, la frustración social, y, ojalá no, la catástrofe.

Pongo a continuación un ejemplo que puede ilustrar el problema: hace unos meses las autoridades pesqueras declararon haber logrado cerca de 20 % de incremento en las capturas con respecto al año anterior, y que en esa línea trabajarían para alcanzar porcentajes similares en los años a venir.

La figura anterior es puramente teórica, pero muestra el resultado del cumplimiento de la premisa de crecimiento ofrecida por los funcionarios, en el caso de que fuera posible mantener un crecimiento de 20 % anual en la pesquería de sardina. El segmento en rojo de la curva corresponde a las capturas reales, o, en todo caso, reportadas a la FAO. Luego, el azul representa como serían esas capturas en caso de que la naturaleza fuera capaz de acompañar nuestros desafueros: en apenas dos años, en 2025, estaríamos pescando una cantidad similar al máximo histórico de 2004 (un poco más de 200 mil toneladas), y en 2032 capturaríamos el equivalente a la totalidad de la biomasa sardinera, según las estimaciones científicas que hiciéramos en los años 90... Así de absurdo puede ser el aferrarnos a indicadores meramente economicistas.  

Cuantificado en cualquier unidad -toneladas, dólares, barriles, megawatts, yenes, rublos o Bitcoins-, tal como lo afirma mi autor de cabecera1, mientras nuestra actividad se mida en términos de crecimiento del PIB, nuestro recorrido hacia la debacle no va a detenerse y nada podremos hacer para evitarla. 

El Producto Interno Bruto (esa vez sin la coma) no debe ser el objetivo de la sociedad. Así lo afirma categórico Jean-Marc Jancovici2, otro especialista que es referencia planetaria para estos temas asociados al cambio climático. Hay mil otros indicadores de bienestar, que no necesariamente de crecimiento, que podrían y deberían orientar de manera realista y objetiva el diseño de nuestras políticas en aras de la prosperidad… aquellos, por ejemplo, que miden nuestro desempeño como sociedad en aspectos básicos del desarrollo: la nutrición, la salud, la educación; aspectos estos en los que nuestras curvas, hoy, son todas descendentes… 


1 Cataclysme ou Transition. L’Écologie au pied du mur. François Gerlotto. IFCCE. Collection Cité. 2019.

2 https://www.youtube.com/watch?v=FUEFlEOFc5M&t=7s&pp=ygUTamVhbiBtYXJjIGphbmNvdmljaQ%3D%3D


jueves, 22 de junio de 2023

¿Todos los náufragos son iguales?

Imagen: hypertextual.com



Imagen: Voz de América

En principio, sí: se trata de personas. Pero, decir que todos los náufragos son iguales es como decir que todos los naufragios también lo son.

Creo que ni siquiera vale como un tema para polemizar, pues, una vida humana es absolutamente igual a otra vida humana; la de un magnate gringo que huye de su rutina, o la de un africano pobre que huye de su miseria. Lo que sí pueden ser muy diferentes son las maneras como esas vidas humanas llegan a su fin… las circunstancias que hacen que se terminen sus existencias.

Para muestra, el terrible botón de los, hasta ahora, 82 náufragos paquistaníes y sirios en aguas griegas y de los 5 del submarino Titán.

Estos trágicos hechos han desatado una tormenta no meteorológica, sino mediática en la que se contraponen los vientos de los que claman que los millonarios a bordo del submarino sabían en lo que se metían (literal y figuradamente), y que, por tanto, los ingentes esfuerzos de búsqueda y salvamento para rescatarlos han debido ser dirigidos, más bien, a los desafortunados viajeros del Mediterráneo. Unos califican al naufragio del Titán como el resultado de una aventura caprichosa fallida y otros juzgan el desastre del pesquero del mar Jónico como el naufragio de la vergüenza.

Quizás todos tengan razón. Quizás las sensibilidades se exacerban por el desigual despliegue de medios y labores de rescate en cada caso, pero, aquí en nuestro patio, pocos se acuerdan, y menos son objeto de menciones en las RRSS, los muchos marinos y pescadores que han naufragado en los mares venezolanos y las decenas de vidas perdidas en nuestras aguas. Hoy, 22 de junio, nada se sabe aun de tres pescadores de la costa central del país, que, muy probablemente forzados por las circunstancias harto conocidas, fueron a hacer transbordo de su captura en mar afuera; demasiado afuera para un pequeño bote no apto para navegación de altura, propulsado por un motor con un combustible de quién sabe qué calidad, trasegado de quién sabe qué manera. Sé bien que el origen que aquí señalo de este particular caso de los pescadores de Choroní puede ser especulativo; pero también sé que no es ninguna locura quimérica pensar que algo así ha podido ser y ha sido la causa de no pocos naufragios muy cerca de nuestras costas. Está claro, y así lo ha dicho el INEA (Instituto NAcional de los Espacios Acuáticos; Venezuela) repetidas veces, muchos de estos desastres han podido evitarse y son evitables. 

Al final, lo que quiero tratar de decir es que, en numerosas ocasiones, el motivo de los naufragios no debe buscarse a bordo o en el sitio del suceso. Con demasiada frecuencia, la causa de estos siniestros está tierra adentro… en Islamabad, en Damasco, en Puerto Príncipe, en Alepo, en La Habana… en Caracas…      


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Metiéndome en profundidades

  Foto: National Geographic España. Los medios digitales y otros han abundado, por estos días, en noticias a propósito del avistamiento en a...

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